Lo que más me duele no es haberme ido, ni haberme traicionado a mi mismo. Tampoco es el hecho de no poder retirarte de mi mente, lo que hoy más me duele se siente tan diferente.
Me duele el pensar, me duele el raciocinio. Jamás dejé de amarte, no tuve la necesidad de dejar de hacerlo para salir de esta burbuja, para deshilar el fino hilo impregnado en mis ojos, no hubo necesidad de nada. El terminar una relación involucra una variedad de decisiones, una de ellas es conocer a la otra persona, pues conocerás a tu esposa hasta el día que se estén divorciando.
Me duele pensar que elegí una mala mujer ¿Acaso existen malas mujeres? Pues existen malos hombres, y para cada mal hombre debe haber un homonimo, ¿no?.
Lo que más me duele no es el hecho de que nunca te veré de nuevo, tampoco es la incertidumbre cada noche al pensar en ti. Todas las madrugadas a tu lado ahora parecen tan efímeras.
Siempre hubo pequeñas cosas que me hacían pensar en que quizá no eras la persona de la cual me había enamorado, para ti nunca importó el alma, el cuerpo, el respeto a tu ser, a tu escencia; para mí lo era todo.
Lo que más me duele no es darme cuenta que siempre vizualicé alguien mejor de lo que realmente eras, no me duele haber convertido cada mínimo detalle en la más grande hazaña, haber entregado tanto por alguien que me uso como un camino hacia un futuro distinto, hacia un sueño lúcido.
Lo que más me duele fue la forma en la que me amaste, me hiere haber destruído mis ideales y creencias para entenderte y respetarte. Me duele saber que tú amabas la forma en la que te amaba, pero realmente nunca apreciaste mi persona, nunca la quisiste, sólo te enamoraste de las cosas que hacía, de mi esfuerzo, de mi pasión.
Lo que hoy me llena de dolor es tan simple como su forma de amar, tan egoísta, tan fuera de contexto, estuve un año entero pensando que no valía nada y a pesar que yo tenía el doble de fallos en el fondo ella sabía lo mucho que la procuraba.
Nunca había sido grosero con una persona que amara tanto hasta que te conocí, tener que entrar en ese juego de quien puede hacerle más daño al otro fue un castigo para mí. Siempre estuviste cómoda en tu tablero y si jugué ese juego fue por el amor a la relación y a mis sueños entregados en tu persona.
Vive la vida a tu manera, de la única forma en que las conoces, ama a tu manera, siente a tu manera, le pido a dios que te envíe una persona que te quiera la mitad de lo que yo lo hice, te aseguro; no notarás una mínima diferencia. (:
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